No está conectado - Modo Consulta
Contador de visitas
[Lunes 26-11-2012 17:42:11]    Administrador
Rafael Torres Jara
Profesor de Educación Física, Universidad de Chile
Santiago, Chile


PRIMERA PARTE


1. Conocer el síndrome de Down y a la persona portadora de este síndrome

Síndrome (del griego syndromé, concurso), es un cuadro clínico o conjunto sintomático con cierto significado y que por sus características posee cierta identidad; es decir, un grupo significativo de síntomas y signos (elementos semiológicos), que concurren en tiempo y forma, caracterizando un estado determinado.

Debemos conocer que el síndrome de Down es producto de una alteración genética, trisomía en el cromosoma 21 (exceso de información genética). La persona portadora de este síndrome no es una persona enferma aunque posee síntomas y signos peculiares por su condición. Dos de estos síntomas o signos están siempre presentes: 1. Discapacidad intelectual. 2. Retraso en su desarrollo motor.
Por ende, desde el nacimiento hasta su muerte, la persona con síndrome de Down debe ser estimulada en estas áreas del desarrollo.

Es importante conocer a la persona con quien vamos a trabajar. Debemos averiguar sus características como, por ejemplo, su carácter, saber si es introvertida o extrovertida, alegre o triste, conocer sus gustos, sus preocupaciones, su mascota, si es hijo único o si tiene hermanos y todo lo que podamos conocer de ella para ayudarla.


2. Genética, cómo influye sobre la expresión fenotípica para esta actividad

Como es sabido, las personas portadoras de síndrome de Down poseen una alteración genética y, producto de ésta, una expresión fenotípica particular. Presentan peculiares características físicas corporales que deben ser tomadas en cuenta al momento de comprarles o subirles a una bicicleta para enseñarles a conducirla.

Importante es conocer que sus extremidades inferiores, superiores y tronco presentan talla disminuida (cortas), lo que implica menor alcance a los pedales y al manubrio que el resto de las personas, y también poseen manos más pequeñas, es decir, menor agarre palmar.

Si el tamaño de la bicicleta, el grosor y posición de su manubrio, asiento y alcance de sus pedales no se ajustan a las proporciones corporales de la persona, no tendrá la eficiencia mecánica requerida para el logro de esta tarea.


3. La familia, a qué tipo de familia pertenece

Este punto es muy importante pues la educación, las enseñanzas, los gustos, los hábitos en las familias se transmiten de forma refleja. No es lo mismo pertenecer a una familia que gusta de montar en bicicleta, de practicar deportes o actividades al aire libre, que pertenecer a una familia que gusta de la lectura o actividades más reposadas como la TV.

Esto no quiere decir que una familia de ciclistas tendrá solucionada la tarea si nace un niño con síndrome de Down en su seno; la tarea quizás será más fácil, por la capacidad potencial que posee. Pero, a pesar de que se practique y disfrute de la bicicleta, el niño necesitará de mucha atención, dedicación y horas de trabajo para alcanzar este logro.

También es importante saber que las personas con síndrome de Down, al igual que todos los seres humanos, tienen grandes referentes en sus vidas. Generalmente, en el grupo familiar es papá o mamá la persona más importante seguida de los hermanos y profesores. Por esta razón se recomienda que sea uno de estos referentes el que siempre esté involucrado en el proceso de andar en bicicleta, entregando señales positivas, aunque no sea el actor principal. Es conveniente entregar señales que permitan al niño sentirse acompañado, que perciba la atención que le está siendo brindada por sus seres importantes. Estas señales pueden ser, por ejemplo, comprar la bicicleta en compañía de su hijo, llevarle al lugar de desempeño de la tarea, acompañarle en parte de la tarea si no lo puede hacer en su totalidad, etc. El apoyo de los padres juega un rol fundamental en el éxito de esta tarea.


4. Cognición

Este término hace referencia a funciones o facultades superiores del ser humano, como son, por ejemplo, la motivación, la atención, la memoria, la planificación, el lenguaje, el movimiento intencionado, etc.

Conocemos que una característica del síndrome de Down es la discapacidad intelectual. Esto implica que las funciones superiores se encuentran alteradas y disminuidas. A las personas portadoras de síndrome de Down se les dificulta el manejo de conceptos, lo que unido a trastornos de tipo sensorial y motor, hace que la tarea de la bicicleta se torne difícil. Para ayudar a estas personas, debemos manejar múltiples estrategias de mediación. Una de estas estrategias consiste en enseñar conceptos relacionados con la bicicleta, pero en otros contextos, y luego hacer la transferencia. Por ejemplo será necesario comprobar que el niño comprende el significado de términos de uso constante al conducir una bicicleta, tales como las siguientes expresiones: pedalear, mirar al frente, sentido del tránsito, calle, vereda, acera, doblar, cruzar, rápido, lento, detenerse, etc. que hagan posible el desarrollo de esta tarea.

En gran medida la cognición es un factor preponderante en el logro del objetivo de montar en bicicleta: a mayor capacidad cognitiva más posibilidad de éxito en la tarea y, a menor capacidad cognitiva, mayores dificultades para el desarrollo de la tarea. Recordemos que todas las personas con síndrome de Down no alcanzan el mismo nivel intelectual; algunas tienen retraso leve o moderado, educable; otras, retraso severo. Se denomina discapacidad intelectual a un trastorno del funcionamiento cognitivo que en el caso del síndrome de Down se acompaña de un desarrollo anormal del cerebro.


5. Etapas de desarrollo motor

Toda persona, aparte de su condición, posee desarrollo motor desde su nacimiento, “reflejo” en una primera etapa.

Para tener éxito en la enseñanza de tareas motrices como lo es el montar en bicicleta, debemos identificar el estadio en que se encuentra el desarrollo motor de la persona con quien trabajaremos. Básico es conocer cómo se encuentra el esquema corporal, en otras palabras saber si el niño tiene conocimiento, conciencia y control sobre su propio cuerpo y sus partes.

Debemos conocer en qué estadio de desarrollo se encuentran las habilidades motoras de base las cuales, combinadas y diversificadas, dan paso a una motricidad más especializada.
Montar en bicicleta es una habilidad motora especializada, cuya dinámica requiere de habilidades motoras de base. Para realizar esta actividad, el niño debe ser capaz de mantener el equilibrio además de combinar y dominar las destrezas de locomoción y manipulación.

Para montar en bicicleta desde la perspectiva de la motricidad humana, se necesita controlar el manubrio, el asiento y los pedales con el cuerpo, equilibrarse y coordinar todas estas acciones en conjunto con este vehículo. Para trasladarnos o locomocionar nuestro cuerpo sobre la bicicleta debemos, fundamentalmente, mover nuestras piernas y pedalear. Indispensable para llevar a cabo esta tarea es contar con una buena educación postural y mostrar una marcha madura, ya que el pedaleo, como habilidad motora, es una progresión de la marcha. Lo que se quiere decir con lo anterior es que no debemos saltarnos etapas de desarrollo y madurar cada una de ellas.

Para facilitar la tarea de montar en bicicleta es importante realizar una temprana atención destinada a este objetivo, por ejemplo, llevar a pasear al niño desde pequeño y con frecuencia, en su coche, en un carrito adjunto a nuestra bicicleta, sobre un triciclo o pasearle en un scooter.


6. Capacidad física

Actividad física es todo movimiento corporal producido por los músculos y que requiere un gasto energético. Una buena capacidad física permite realizar estos movimientos en forma eficiente y se compone de:

Fuerza muscular, permite iniciar, detener o cambiar de posición un movimiento, esto se logra con el propio cuerpo, con otro cuerpo o implementos.

Resistencia muscular, permite repetir movimientos de nuestro cuerpo en el tiempo.

Flexibilidad, permite asumir distintos rangos de movimientos.

Coordinación, permite controlar y regular los movimientos necesarios para realizar una tarea motriz.

Resistencia cardiorrespiratoria, permite al niño o joven generar esfuerzos prolongados.

Es importante conocer que estas capacidades físicas están influidas por:
a) la genética; b) alimentación, nutrientes; c) el entrenamiento.

Montar en bicicleta requiere de la interacción de estas capacidades y su desarrollo depende de cada persona y cómo las trabaje. Se necesita de fuerza para montarse en la bicicleta, para manipular el manubrio, para pedalear. De resistencia para repetir estas acciones en el tiempo. De flexibilidad para adoptar las posturas necesarias. De coordinación para que nuestro cuerpo interactúe de forma controlada y organizada.

Esto, unido a la cognición, que implica voluntad e intención, además de la influencia de una correcta afectividad y socialización conforman claves que no pueden ser obviadas para el éxito de esta tarea.


7. Sensopercepción

La mayoría de las actividades humanas están influenciadas por estímulos externos, los cuales son captados por órganos sensoriales dando paso a un trabajo de integración en nuestro sistema nervioso central, para luego producir una respuesta.

Las personas con síndrome de Down presentan alteraciones en sus órganos sensoriales, lo que unido a la conformación alterada de estructuras cerebrales, no permiten un buen proceso de percepción ni de integración, dificultando el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Por tal motivo, desde la perspectiva de la sensopercepción, debemos ser muy cuidadosos con nuestra intervención en la presentación de los estímulos, tanto en el número como en la vía utilizada para que el niño los capte (visual, auditiva, táctil). Podemos encontrarnos con alteraciones sensoriales de distinta índole y muchas veces conjugadas entre ellas (visión, tacto, propiocepción, vestibulares); esto implica fallos en sus percepciones, en su simbolización, en su conceptualización, alterando la respuesta motora.

Un ejemplo de la implicación que tienen estas alteraciones sensoriales sobre la bicicleta podría ser la percepción visual alterada. A algunas personas con síndrome de Down se les dificulta hacer una buena estimación de figura y fondo. Estas personas alejan o aproximan las imágenes, lo que causa un desempeño alterado al tener que diferenciar la calzada de la acera o calcular a qué distancia viene o está estacionado el automóvil que aparece en frente. Otro ejemplo podría ser una errada percepción de estímulos vestibulares. Por ejemplo, el niño dudará si se está moviendo él o si lo están haciendo los objetos que están a su alrededor y no captará correctamente la dimensión de la velocidad. Estos niños, dudosos de las amenazas externas, no se moverán o actuarán de manera lenta, ya que al fallar su brújula interna, presentan desorganización en sus respuestas lo que les provoca inseguridad o temor. A veces pueden sentir pánico y, como resultado, podrían soltar el manubrio, perder la postura y estabilidad, para finalmente caer u accidentarse si no estamos atentos. Es el buen funcionamiento del sistema vestibular el que nos dice en dónde estamos y qué hacemos. Cuándo su funcionamiento se encuentra alterado, se sufre de una lentitud cognitiva debilitante, que puede arruinar nuestro proceso de la bicicleta si no brindamos estrategias correctas a nuestros alumnos.

Otro ejemplo podría ser que, al no percibir adecuadamente los estímulos que nacen en el cuerpo, los llamados estímulos internos, captados por organelas que se encuentran en los músculos, articulaciones y vísceras, estos niños se enfrentarán a dificultades al montar en bicicleta a causa de la llamada propiocepción, que en otras palabras es cómo se siente el cuerpo a sí mismo. Los niños con síndrome de Down tienen hipotonía, hiperlaxitud que en ocasiones no les permite percibir el accionar de sus piernas como es debido. Esto se traduce en, que montados sobre una bicicleta, necesitarán de continua supervisión, retroalimentación visual para evaluar cómo están actuando sus piernas, lo que distraerá su mirada de lo que debe ser el foco de atención principal, el camino.

Conocer cómo percibe, cómo está sintiendo, cuál es su dominio conceptual, cuáles son sus debilidades, nos permite asistir al niño adecuadamente en la tarea de montar en bicicleta.

En muchas ocasiones estos niños son conscientes de sus limitaciones, pero no las saben expresar. Estas limitaciones son traducidas por el niño con síndrome de Down en tensión corporal, psíquica, la cual se manifiesta con ineptitud en el desempeño de la tarea y con conductas maladaptativas. Por ejemplo.

1.- Rechazar y abortar prematuramente esta actividad.
2.- Desmotivación y falta de iniciativa frente a la tarea de la bicicleta.
3.- Tensión muscular: apretar en forma desmedida el manubrio con las manos, lo que les causa un agotamiento prematuro de la musculatura implicada y, en algunos casos dolor en sus manos.
4.- Tensión psíquica: se manifiesta en otras zonas del cuerpo como brazos, cintura escapular y tronco mostrándose apretados, contraídos. Esto influye en la postura, la estabilidad y accionar global del cuerpo.
5.- Descoordinaciones: apoyo inexacto del pie con relación al pedal.
6.- No coordinar rítmicamente el accionar de los hemicuerpos.
7.- Buscar otra tarea que les acomode e insistir en desmedro de la bicicleta.
8.- Risas descontroladas.
9.- Pataletas.

Por esta razón se recomienda ser cuidadoso en las presentaciones de la bicicleta y los estímulos inmersos en esta actividad o tarea. A continuación se ofrecen algunas recomendaciones:

1.- El manubrio debe tener empuñaduras de grosor adecuado y blandas, sin ranuras o dibujos que puedan marcarse en sus manos. De lo contrario puede ser motivo de respuestas inadecuadas, alterando la actividad.
2.- Cuidar que el asiento sea confortable donde el niño al sentarse, se sienta cómodo y no se preocupe más de él.
3.- Los pedales deben tener buen agarre plantar, soporte y ser antideslizantes.
4.- El manubrio, el asiento y los pedales deben quedar ergonómicamente ajustados al fenotipo del niño.
5.- Los brazos del niño no deben quedar demasiado cerca ni lejos del manubrio. Sus piernas no deben quedar extendidas al momento de apoyar el pie en el pedal que se encuentra más cercano al suelo, deben quedar en semi flexión lo mismo los brazos.
6.- Como estrategia sensoperceptiva se recomienda inicialmente, focalizar al niño sólo sobre un estímulo. Se aconseja cuidar su intensidad y duración. Luego, poco a poco, se podrá ir integrando otros estímulos de manera que el niño no se sienta sobrepasado por la tarea y no pueda o sepa desempeñarse en ella.


8. Neuromotricidad

Se utilizará este término para hacer referencia al control de la postura y el equilibrio de acuerdo a la actividad funcional de montar en bicicleta.

Las distintas acciones motrices realizadas para montar en bicicleta representan grandes exigencias para los sistemas que controlan la postura y el equilibrio. Estos dos elementos implican la capacidad de recuperar la estabilidad y moverse para evitar el desequilibrio. La postura y el equilibrio son de vital importancia para actividades como sentarse, caminar, ponerse de pie, andar en bicicleta.

La teoría de sistemas nos dice que la acción de montar en bicicleta surge de la interacción del individuo con la actividad y el entorno, nos dice también que la capacidad de controlar la posición de nuestro cuerpo en el espacio nace de una compleja interacción de los sistemas músculo-esquelético y neurológico.

Los componentes músculo-esqueléticos abarcan elementos como: a) rango de movimiento articular, b) la flexibilidad espinal, c) las propiedades musculares y d) las relaciones biomecánicas entre las partes del cuerpo.

Los componentes neurales comprenden: a) los procesos motores como las sinergias de respuesta neuromuscular, b) los procesos sensoriales como los sistemas visual, vestibular y propioceptivo, c) las estrategias sensoriales que organizan estos múltiples impulsos, d) las representaciones internas fundamentales para el mapa de las sensaciones para la acción, e) los procesos de nivel superior básicos para los aspectos adaptativos y anticipatorios del control postural y equilibrio.

Cuando el niño adquiere y madura gran parte de los componentes de estos sistemas, se siente más seguro sobre la bicicleta, controla su postura y equilibrio, empieza a mostrar signos de autonomía como son el pedaleor con mayor frecuencia e intensidad. Luego, el niño también podrá soltar una mano del manubrio, manejar con una sola mano, será capaz de voltear la mirada hacia los lados y atrás mientras pedalea y realizar piruetas como, por ejemplo, separar las piernas de los pedales mientras la bicicleta sigue rodando, será capaz de pararse (ponerse de pie) en los pedales mientras la bicicleta sigue avanzando. El niño podrá fijar la atención conjunta en un estímulo adicional como puede ser el ladrido de un perro, será capaz de mantener una conversación, podrá detenerse y volver a empezar la acción. Estos logros implicarán un aumento de velocidad al montar en bicicleta, paso previo y primordial para conseguir sacar las rueditas de apoyo lateral.

En síntesis. al relajarse sobre la bicicleta, el niño conseguirá un dominio fluido de ésta y, finalmente, habrá aprendido a montar en bicicleta.


SEGUNDA PARTE

9. La Bicicleta


La bicicleta deberá ser elegida con sumo cuidado para que corresponda al fenotipo del niño. Debe ser la adecuada, no la que dejó el hermano, el primo o la que nos regalaron: debe ser la apropiada para el niño. Debe ser liviana, con un piñón que impulse con energía y al mismo tiempo demande un menor esfuerzo por parte del niño, de manera que éste vea y obtenga resultados de su acción de pedalear. Debe tener un manubrio ajustable y sus empuñaduras no deben ser gruesas, sino que deben ir de acuerdo al tamaño de la mano del niño; el asiento debe ser ajustable y confortable; los pedales deben permitir que calce bien el pie del niño y ser antideslizantes.

La bicicleta no debe tener adornos o accesorios que desconcentren la atención y preocupación del niño, la cadena debe quedar protegida por una tapa-cadenas, pues ésta es motivo de peligro para sus manos y les llama la atención. Sus frenos pueden ser de mano o de piñón y, si el niño se queda pegado en ellos accionándolos reiteradamente, éstos deben ser retirados.

El sillín debe ubicarse a una altura tal que permita apoyar cómodamente los pies en los pedales para distribuir en ellos el peso del cuerpo. Si todo el peso del cuerpo queda apoyado en el sillín, el niño tendría molestias, dolores en sus glúteos dificultando la tarea; y, por otro lado, si el sillín queda muy alto, se producirían problemas para alcanzar los pedales. Por último, si el asiento quedara muy bajo, el accionar de los pedales se tornaría dificultoso, trabado, ya que las piernas en su accionar tendrían que realizar una flexión demasiada profunda.

¿Cómo se elije la bicicleta?

El niño debe pararse (ponerse de pie) con la bicicleta entre sus piernas, de tal manera que su cuerpo (entrepiernas) no toque el fierro central. Sentado en el sillín debe apoyar ambos pies en el suelo, esto le dará seguridad, sentirá estabilidad y podrá mantenerse equilibrado sobre la bicicleta cuando ésta se encuentre detenida o cuando quiera detenerse. Al manipular, presionar el pedal cuando éste se encuentra en su posición más baja cerca del suelo, su pierna debe quedar en semiflexión. Sus brazos no deben quedar extendidos para manipular el manubrio, debe existir una semiflexión de los brazos. La bicicleta debe ser lo más liviana posible.


10. A qué edad y cómo debemos comenzar esta tarea

La tarea de montar la bicicleta debería comenzar desde el nacimiento. La estimulación temprana sobre el desarrollo motor de un niño pequeño le ayuda a adquirir, organizar y controlar sus movimientos de una manera adecuada. Con esto se persigue una creciente maduración de su sistema nervioso central y así el niño podrá lograr un control motor voluntario e intencionado. Este control constituye una función que es consecuencia de una correcta madurez alcanzada por su corteza cerebral y, por lo tanto, el trabajo de los primeros años es muy importante para el futuro del niño.

La estimulación sobre ruedas comienza (1 – 12 meses) en su coche, cuando el niño aprende a percibir e integrar estímulos tales como la aceleración, la detención y varios estímulos visuales y auditivos del entorno. El niño debería salir a pasear sistemáticamente en su coche para así tener la posibilidad de ejercitar toda su estructura sensorial.

A medida que crece, va logrando un mayor control corporal. Se aconseja, cuando tiene entre 12 – 24 meses de edad, llevar al niño de paseo sentado sobre un carrito y tirar cuidadosamente de éste con una cuerda. Así tendrá la oportunidad de experimentar los mismos estímulos que recibió en el coche, pero ahora en otra postura y con mayores exigencias de control corporal. Una vez que el niño camina (24 – 30 meses), se debe pasar a un triciclo que no sea demasiado grande, el niño debe quedar cómodo sobre él y sus piernas no deben quedar colgando. Si el peso del cuerpo queda establecido detrás de su centro de gravedad, al niño le será difícil impulsar el triciclo y no tendrá la fuerza necesaria debido a que la posición corporal es inadecuada. En un principio se debe brindar apoyo tanto al control postural, como el de impulso. Luego, cuando el niño ya maneja su postura y se agarra con seguridad, el triciclo se puede traccionar con una cuerda. Cuando el niño maneja sus habilidades motoras de base en un *estadio de elemental a maduro se pasa a la adecuada bicicleta.

En una primera etapa (4 - 5 años) se monta al niño sobre una bicicleta que tenga rueditas laterales de apoyo; después se lleva de paseo para que perciba este vehículo y se le acompaña protegiéndole y accionando por él.

Se apoya su accionar inicialmente tomando con una mano el manubrio y con la otra el sillín para brindar la mayor estabilidad y seguridad posible al niño. En esta etapa no se deben tener prisas que conlleven a contratiempos (caídas o sustos por excesos). Luego comienzan las progresiones: el niño va mostrando mayor autonomía, el adulto que le acompaña presta menos apoyos, ya no manipula la bicicleta (manubrio y sillín), ahora apoya al niño poniendo su mano sobre su espalda impulsándolo levemente y, al mismo tiempo, brindándole estabilidad y, por sobre, todo seguridad.

Dependiendo de las capacidades individuales y de la calidad del proceso, podemos tener niños con síndrome de Down precoces en el manejo de una bicicleta a los seis o siete años y que muestran autonomía. Otros, de acuerdo a sus capacidades tardarán más, lo lograrán a los 9 o 12 años. Algunos, quizás por sus capacidades y posibilidades, necesitarán de apoyos adicionales como rueditas por mayor tiempo. Lo cierto es que un alto porcentaje de personas con síndrome de Down pueden movilizarse autónomamente en bicicleta a edades comprendidas entre los 6 y 12 años. Otros pueden aprender tardíamente sobre los 12 años, nunca es tarde, aunque, a mayor edad, necesitaremos de mayor tiempo y de mayor esfuerzo.

Una buena carga genética para la actividad y un buen proceso culmina con el objetivo a temprana edad. Para hablar de término del proceso, se asume que el niño monta en su bicicleta solo, sin el apoyo de rueditas laterales ni del adulto. Se debe considerar que para terminar bien el proceso, es necesario al menos un mes de práctica todos los días, destinando una media hora por las mañanas y otra media hora por las tardes a esta tarea, que consiste en acompañar al niño en bicicleta, caminando a paso firme y otras veces trotando a su lado. Cuando al fin se logra el objetivo es tal la satisfacción, que no tiene precio. Luego, se hace imposible acompañarle a pie y debemos montar otra bicicleta para seguir su ritmo.

En todas las actividades de la vida las personas logramos hitos a diferentes edades, esto vale también para los niños con síndrome de Down que intentan la bicicleta. Unos lo lograrán a temprana edad porque vienen con genética favorecida y el entorno les favorece, realizando un buen proceso de enseñanza aprendizaje. Otros niños tienen ritmos más lentos, menores posibilidades, pero logran la tarea, siempre y cuando alguien les brinde dedicación.

Aunque la persona con síndrome de Down sea una estrella sobre la bicicleta, recuerde que es una persona con discapacidad intelectual, con alteraciones sensoriales. Nunca la deje sola en un lugar peligroso o desconocido, trate siempre de realizar la actividad en un lugar protegido o, de lo contrario, con supervisión directa ya que un accidente ocurre en un segundo.

También es conveniente que recordemos que los niños con síndrome de Down, al igual que las demás personas que emprenden la tarea de andar en bicicleta, pueden sufrir caídas, golpes, rasguños o heridas. Esto a veces es parte del proceso, lo importante es tratar de disminuir al máximo las posibilidades de accidentes que, en ocasiones, pueden ser un gran contratiempo y por lo tanto, el niño obligatoriamente debe usar casco, guantes, rodilleras y coderas de protección.


11. Cantidad de tarea

La cantidad de tarea se debe relacionar a factores como, por ejemplo, etapa de desarrollo del niño, su condición física, el clima o la hora del día. Se deben tener en cuenta estos parámetros. Recuerde siempre que está trabajando con un niño cuyos parámetros de ejecución, en todos los sentidos, difieren de los del adulto.

Si observa al niño con ganas, con energía, alegre, divirtiéndose, continúe con la actividad, sólo hidrátelo con un buen jugo natural a modo de precaución. Tenga muy en cuenta el concepto de eficiencia mecánica, el cual nos dice que es de suma importancia la calidad de los implementos a utilizar (bicicleta, calzado, ropa), para la realización exitosa de esta tarea.


12. El pedaleo

Como hemos visto anteriormente esta habilidad motriz es una diversificación de la marcha, no puede pedalear bien alguien que no ha aprendido a caminar bien. En muchas ocasiones se puede observar que las personas con síndrome de Down pedalean hacia atrás, esto se debe en gran medida a tres factores claves:

1.- Falta de estimulación adecuada desde temprana edad.
2.- Falta de educación física permanente en el tiempo.
3.- Una deficiencia severa.

Pedalear hacia atrás es más fácil ya que se sale y se mantiene la inercia sin ningún tipo de resistencia y con menor esfuerzo. Esto no sucede cuando se pedalea hacia adelante debido a que se requiere esfuerzo para vencer una resistencia y mantener la inercia. Como se trata de niños pequeños, se debe tener presente que no tienen un objetivo claro, no captan la trascendencia de pedalear hacia adelante o hacia atrás, no saben cómo están pedaleando, sólo lo hacen, piensan que lo hacen bien, se sienten felices y muchas veces este movimiento se puede transformar en un vicio difícil de subsanar.

Estrategias para enseñar a pedalear correctamente.

La enseñanza del pedaleo empieza desde la cuna. Cuando la madre o el padre mudan al niño, podrán aprovechar esta instancia para realizar en forma pasiva la acción de pedaleo. Es decir, los padres se alternan para ejercitar las piernas del bebé, ejecutan por el bebé el pedaleo durante un tiempo breve en cada cambio de pañal. También se puede aprovechar el momento del baño. En la bañera se puede incentivar el movimiento de piernas del bebé, mostrándole sus propias piernas para que aprenda a reconocerlas y vivenciarles.

Inicialmente, para realizar el pedaleo utilice una bicicleta estática, el niño trabaja en forma pasiva. En otras palabras, debe ser el adulto quien realice el ciclo de pedaleo llevando con su mano el movimiento del pedal y como consecuencia el movimiento de las piernas del niño. Antes de empezar la acción del pedaleo, se recomienda sujetar el pie del niño sobre pedal de manera que éste no salga de posición.

Al realizar este pedaleo pasivo, el adulto debe inclinarse o sentarse en un banco pequeño al lado de la bicicleta, tomar pedal y pie del niño con su mano diestra y seguir el recorrido del pedal por un tiempo prolongado. Las piernas del niño trabajan en forma pasiva, iniciar el movimiento tomando el pie diestro del niño y luego pasar al otro pie. De vez en cuando, se deberá soltar el pie del niño para comprobar si va aprendiendo el movimiento y realizándolo por sí mismo.

La velocidad o intensidad de ejecución del pedaleo inicial debe ser lenta y es importante repetir muchas veces el gesto correcto para conseguir que el niño obtenga un nuevo patrón motor. Como el tono muscular se encuentra alterado y existe hiperlaxitud ligamentosa, conviene observar que en esta acción no se enreden las piernas, la sensación debe ser de un pedaleo fluido.

Este pedaleo pasivo puede convertirse en una tarea agotadora tanto para el niño como para el adulto, quienes, la mayoría de las veces, no están físicamente preparados, principalmente debido a que se trata de un movimiento nuevo que involucra grupos musculares que, a veces, no son muy utilizados. También influye la cantidad de repeticiones a realizar, la postura adoptada y el tiempo de trabajo del que no se debe abusar, con 10 minutos un par de veces al día es suficiente.

Una alternativa para sufrir menos de cansancio postural y de ejecución por parte del adulto es poner la bicicleta en altura, sobre una mesa u otro lugar. En este caso, se debe estar seguro que es un lugar adecuado para la tarea y que no presentará un problema adicional para el niño. Si es una mesa, se recomienda ubicarla pegada a la pared por dos de sus caras, trabajar por su costado libre, manteniendo la visión periférica del niño dirigida hacia la pared, nunca al vacío, su cara debe encontrarse a la altura de la cara de su interlocutor.

Formas de fijar la bicicleta para realizar pedaleo asistido

1.- Con un atril que levante levemente la bicicleta por atrás, de manera que la rueda trasera pase en banda al ejecutar el pedaleo. De esta manera, la bicicleta queda un poco inclinada hacia adelante, para subsanar esto se sugiere poner una tabla base que equipare la altura de la rueda delantera con la trasera. La bicicleta no debe quedar inclinada hacia adelante cuando se levante desde atrás, esto cambia la postura del niño y éste debe preocuparse por su estabilidad en vez de pedalear.
2.- Si la bicicleta tiene rueditas de apoyo, se puede poner una de estas en desnivel, así la rueda trasera pasa en banda, la bicicleta queda levemente inclinada hacia un lado en que se deberá prestar el apoyo al pedaleo, mal menor.

La bicicleta debe quedar muy estable ya que, si queda tambaleante, ocasionará problema adicional.


13. El Entorno

El entorno juega un papel preponderante ya que dependiendo de sus características, se obtendrán logros o la tarea se tornará dificultosa. Podemos observar el entorno desde dos perspectivas.

1.- Donde se desarrolla la vida del niño.
2.- Donde se realizará el proceso de enseñanza aprendizaje de la bicicleta.

1.- Debemos considerar el entorno como el lugar donde desarrolla la vida del niño con síndrome de Down. Podemos encontrar notorias diferencias de desarrollo motor, entre un niño que vive en un departamento, encerrado en pocos metros cuadrados, con relación a otro niño que vive en una casa amplia con patio. Esta comparación también puede hacerse entre un niño que vive en una urbanización céntrica con congestión de todo tipo, humana, vehicular con otro niño que vive en una zona rural, donde no existe congestión y se cuenta con espacios.
2.- El lugar en donde se desarrolle el proceso de enseñanza aprendizaje de la bicicleta debe ser un lugar adecuado para esta tarea, que brinde seguridad y los mayores beneficios, espacios amplios, superficies planas, donde él niño con síndrome de Down tenga pares y modelos que influyan sobre su propósito, ayuden a su motivación, donde pueda mantener atención sobre la tarea. Este lugar no debe ser muy alejado de su hogar ya que un largo viaje, sólo para realizar esta tarea, perjudica su consecución. Después de un largo viaje, el niño se encuentra cansado, fatigado y esto dificulta su desempeño.

Cuando el niño demuestre dominio sobre la bicicleta es conveniente hacerle recorrer superficies inestables controladas, pequeños desniveles, caminos de tierra o lugares con césped, para que vivencie otras superficies que, a futuro, pueda utilizar cuando vaya de vacaciones o le inviten a un paseo.


14. Psicología

Debemos siempre asumir esta actividad con pleno convencimiento y disposición total, saber que es una tarea de largo aliento y agotadora.

Las personas con síndrome de Down son muy perceptivas cuando se trata de conocer si su interlocutor está o no a gusto o en consonancia con ellas. En el caso de los profesores, se aconseja realizar esta tarea con plena confianza y convicción en que el niño puede lograr este objetivo. Dichas cualidades son pilares fundamentales de la prestación y marcarán una diferencia importante durante el proceso de enseñanza aprendizaje. Además se debe tener mucha paciencia porque los inicios son a veces desalentadores. Debemos siempre utilizar el refuerzo positivo, pero en su justa medida. Felicitar, no a cada momento sino una vez que se tiene finalizada la tarea o cuando se ve un logro claro.

Debemos estar conscientes que estamos trabajando con una persona que presenta fragilidad mental, la que se torna difícil cuando se le apura más allá de sus posibilidades de desempeño, que a veces no comprende sensaciones nuevas como puede ser una constante inestabilidad sobre la bicicleta, o que ésta vibre al pasar por un camino de adoquines. Por estas razones, debemos anticipar respuestas frente a estímulos nuevos, debemos esforzarnos por tener controlado el ambiente y por tener una planificación previa de la actividad. Es adecuado, en un comienzo, asociar la tarea de la bicicleta a una actividad lúdica que el niño disfrute como, por ejemplo, hacer una parada en la plaza y disfrutar de sus juegos. Así, el niño percibirá la bicicleta como un instrumento que le lleva hacia el disfrute.

Se ha visto que padres y profesores han abandonado la tarea antes de tiempo; optan por comprar y recomendar unos triciclos que parecen tanques, dan estabilidad al niño, pero también sufrimiento ya que se hace difícil para el niño hacerles rodar pues son pesados, con mayor roce, al niño le cuesta ponerlo en movimiento. También este tanque puede causar desmotivación pues el niño capta la diferencia que se hace con él con relación a los niños de su entorno. La gran mayoría de los niños con síndrome de Down son capaces de montar una bicicleta igual a la de algún hermano o amigo. Sí, se necesita más trabajo, pero la satisfacción es inmensa. Sólo habiéndolo intentado todo, opte por este tanque.


15. Beneficios

La persona con síndrome de Down a través del deporte (bicicleta) mejora sus capacidades cognitivas, motoras, sociales y afectivas, controla sus emociones, mejora su autoestima, aprende a relacionarse con el éxito y el fracaso, mejora su condición física y por sobre todo, se hace más inteligente. Al mismo tiempo se educa, cuida de su salud al dejar el sedentarismo, está previniendo la obesidad, alteraciones músculo esqueléticas, enfermedades como la diabetes, etc.

La bicicleta le ayudará a mejorar su hipotonía, laxitud osteoligamentosa, su fuerza y eficiencia mecánica. Todo esto en su conjunto, evitará la adquisición de patrones de movimiento anormales, posibilitará la adquisición de patrones posturales adecuados y podrá pararse y moverse correctamente, desenvolviéndose mejor en su entorno. Así el niño podrá interactuar con su entorno en forma eficiente y desarrollarse con mejores y mayores posibilidades en diversos ámbitos de la vida.

Por último, el deporte tiene una gran importancia en la integración debido a que sus padres, familiares y amigos aprenden a interactuar con las diferencias y a validarlas. La familia aprenderá a educarse, a enfrentar desafíos, a tener tolerancia y a aceptar la condición del niño. Cuando la actividad deportiva es temprana, aporta mayores beneficios, lo cual marca una gran diferencia en el resultado funcional a largo plazo de las personas con síndrome de Down.

Beneficios preventivos de salud
Mantiene una composición corporal adecuada.
Previene el sobrepeso y la obesidad.
Disminuye el riesgo de padecer diabetes.
Disminuye el riesgo de padecer dislipidemia.
Disminuye la posibilidad de sufrir afecciones del aparato locomotor al ser un trabajo de bajo impacto.

Beneficios afectivos emocionales
Aumenta su autoestima.
Aumenta tolerancia a la frustración.
Aumenta su sentido de pertenencia a un grupo.
Maneja de mejor manera el éxito fracaso.

Beneficios físicos corporales
A nivel orgánico, mejora la función cardiovascular y respiratoria.
Mejora su capacidad aeróbica – capacidad de trabajo en el tiempo.
A nivel neuromuscular, mejora su postura, equilibrio y coordinación.
A nivel muscular, mejora su hipotonía, tono muscular.
A nivel de su aparato locomotor, mejora hiperlaxitud osteoligamentosa.
A nivel muscular, mejora su fuerza y flexibilidad.
Ayuda a mantener una buena condición física (expresión de un conjunto de parámetros fisiológicos en respuesta al trabajo de la bicicleta, incluyéndose además variables como fuerza, potencia, resistencia, flexibilidad, tiempo de reacción, coordinación, equilibrio, agilidad)

Beneficios cognitivos
Mejora funciones cognitivas de entrada, tales como comportamiento exploratorio y recolección de datos.
Mejora funciones cognitivas de elaboración, tales como interiorización del propio comportamiento, planificación de la conducta.
Mejora funciones cognitivas de salida, tales como disminución de la comunicación egocéntrica, bloqueo de la comunicación de la respuesta, menor conducta impulsiva.

Beneficios sociales
Correcta utilización de su tiempo libre.
Permite crear una red de amigos.
Relación adecuada con su entorno social y físico.
Imitación de conductas sociales adecuadas.
Manejo adecuado y autónomo de actividades de vida diaria.


16. Contraindicaciones.

Un catarro, sensación de hambre, sed, cansancio o sueño, etc., operan e inciden siempre negativamente sobre el estado de ánimo y la disposición a trabajar.
Si un niño tiene que trabajar en su bicicleta y se encuentra enfermo, mal física o anímicamente, es mejor que trabaje otro día, en estas condiciones su desempeño será pobre.

Problemas cardiológicos, recuerde que están presentes de diferentes formas en un 30% a 40% en las personas con síndrome de Down (si no han sido operadas). Debe estar seguro de su acción, pase médico.
Problemas oftalmológicos, cuando éstos sean severos.
Problemas nutricionales, obesidad o desnutrición.
Problemas ortopédicos. Inestabilidad atlanto axoidea: para esto se debe cuidar el tipo de terreno donde se realiza la actividad, no deben existir sobresaltos. Cuidado con la luxación crónica de rodilla, displasia de cadera.
Problemas neurológicos, convulsiones, epilepsias. Si están bien tratadas no existe problema.


17. Evaluación

Para tener certeza de nuestra intervención, debemos realizar una evaluación de entrada de los puntos antes enumerados y expuestos. Así se podrá contar con una base sólida de un programa de trabajo que, si se quiere que sea exitoso, debe desarrollarse de forma estructurada y sistemática en el tiempo.

A continuación se muestra un ejemplo de evaluación inicial utilizando una escala de apreciación muy sencilla, con relación a la habilidad motora de locomoción. Existen tres conceptos (Logrado-Emergente-No logrado) donde se debe situar al niño según sea su nivel de desempeño en la tarea. Esta evaluación nos entrega datos de la realidad del niño que serán de mucho valor para el correcto desarrollo del proceso. A futuro, estos datos nos permitirán comparar, readecuar objetivos y reordenar el apoyo.
(...)


Bibliografía
Jean Le Boulch. Educación por el movimiento en la edad escolar.
Jesús Flórez. Bases neurobiológicas del aprendizaje.
María Victoria Troncoso y Mercedes Del Cerro. Desarrollo de las personas con síndrome de Down.
Anne Shumway y Maryorie Woollacott, Control Motor, teorías y aplicaciones prácticas.
David Gallahue. Entendiendo el desarrollo motor de infantes, niños y adolescentes.
J. Wilmore y D. Costill, Fisiología del esfuerzo y del deporte.
Antonio Escribá. Síndrome de Down propuestas de intervención.
Y. Burns y P. Gunn. El síndrome de Down, estimulación y actividad motora.


Agradecimientos

A todos y cada uno de mis alumnos con síndrome de Down y sus familias.
Al Sr. Julio Montt y Sra. Luz María Letelier, quienes tuvieron la deferencia de revisar y corregir el texto.


Fuente: down21.org
© curriqui.es
Amigos de la bicicleta

Aficionados a la bicicleta todo terreno y al ciclismo urbano
Contacto: administrador@curriqui.es