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[Martes 24-09-2013 16:31:35]    Paco Martínez Vega
Fue elegida la mejor ciudad del mundo para vivir... Y la bici tiene algo que ver. La australiana Melbourne, capital del estado de Victoria, combina la pasión por el deporte y la cultura con el amor al ciclismo. Recórrela con nosotros... Pero con casco, eso sí.



El ciclismo urbano suena moderno... Pero no lo es. Pedalear en Melbourne era habitual en el s.XIX, antes de que la invasión automovilística lo cambiara todo. Nos recuperamos y, cuando volvíamos a llenar las calles de bicis... Llegó a principios de los noventa la imposición del casco. Pero la obsesión de los melburnianos por el deporte, la salud y la ecología han vuelto a colocar al ciclismo urbano en su sitio. Por cierto... Soy Tania, y sé de lo que te hablo: ¡He montado en bici aquí durante 28 años!

Te invito a acompañarme, en bicicleta, por la ciudad. Suena bien, pero vamos a madrugar: el día empieza a las 5.45 de la mañana, cuando el despertador suena por tercera vez. Abre los ojos. Estira las piernas. ¡Y levántate de una vez!

Treinta kilómetros sobre dos ruedas

Pero tampoco corras demasiado: necesitarás energia para pedalear 14 kilómetros hasta mi trabajo. Dúchate, prepárate un buen desayuno y, cuando te lo comas... ¡Come un poco más! Te va hacer falta alimentarte bien, casi tanto como ir vestido, llevar casco (¡luego hablaremos de eso!) y tu mochila.

Es una mañana agradable, diez grados. Y sí, es de noche cuando empezamos a rodar. Llena los pulmones de aire (comparado con otras ciudades, no está demasiado sucio) y siente cómo tus manos, tu cuerpo, se calientan. Antes de salir de Coburg, el barrio de las afueras al que has venido a verme, ya estás en un carril bici: a tu alrededor, pastelerías libanesas, tiendas de ropa árabe y boutiques de trajes de novia. ¿Te imaginas pedaleando en uno de ellos? No lo hagas: darías el cante en Brunswick, por donde vamos, conocido como Little Italy. Antes había mafiosos: ahora, pintadas, pizzerías y heladerías. Está tranquilo, pero de noche los restaurantes abrirán, toneladas de spaghettis inundarán las mesas y el barrio brillará a la luz de la luna. Suena bien, pero me esperan en el trabajo y no podemos quedarnos. Bajamos por Swanston Street, contemplamos la vieja Biblioteca Nacional y, de paso, pasamos por delante de Melbourne Central, un enorme centro comercial donde hay de todo y, claro, está Bargain Basement, una de las tiendas de ropa urbana más baratas de la ciudad y con cada vez más productos ciclistas.



Todo iba bien hasta que... Te entra el hambre. ¡Te lo dije! ¡Montar en bici da hambre! Ahora no tenemos tiempo de parar, pero te pondré los dientes largos hablando de ese local que acabamos de dejar atrás, Cookie, al que vendremos esta noche. No es un capricho: es el mejor restaurante de por aquí, no sólo por su comida tailandesa, su buena música o lo rica que está la cerveza... Sino por lo divertido que es. No sé la cantidad de amistades, romances o chupitos que habrán empezado y terminado aquí. Seguimos por Swanston Street, dejamos atrás el ayuntamiento y, poco antes de llegar a mi destino, pasamos por Federation Square. ¿Que qué droga tomó el arquitecto que diseñó este edificio? No lo sé... ¡Pero quiero lo mismo! Es alucinante: una especie de piedra irregular y luminosa, prehistórica y futurista a la vez. Además, es donde se celebran festivales de cine y conciertos y las mejores exposiciones. Por cierto... Ya hemos llegado. Me voy a trabajar. ¿Y tú? ¿Qué vas a hacer?

Montar en Melbourne

La ciudad es conocida por tener cuatro estaciones climatológicas... En un día. Podemos levantarnos con sol y luego empaparnos, congelarnos o asarnos. Nada grave: sus paisajes, edificios y calles la hacen una de las mejores ciudades para la bici. Por ejemplo, está la bahía de Port Phillip, conocida como la playa de St Kilda, uno de los lugares favoritos de los ciclistas que vuelan a ras de suelo hacia Mornigton. Vale la pena: la hermosa arena blanca y las azules aguas quitan la respiración.

Melbourne está rodeada por un río conocido como The Yarra, y ofrece varios caminos que nos permitirán desplazarnos más rápido que los coches atascados. El camino junto al río se extiende a lo largo de 27 kilómetros de enorme belleza. Eso sí: el sol muerde. Monta una hora sin protección y tendrás que pasarte dos semanas bañándote en cremas reparadoras.

Para los no familiarizados con la ciudad, hay otros dos desafíos: las vías del tranvía y los giros en gan­cho. Muchos hemos pasado un mal rato cuando nuestra rueda se ha enganchado en las vías de tranvía: literalmente, tienes 30 segundos antes de que el próximo tren venga, así que estate atento. Luego están los giros en gancho. Alguna mente perversa inventó un concepto por el que, cuando quieres girar a la derecha, tienes que hacerlo desde el carril izquierdo... Algo bastante arriesgado para el ciclista. Acostúmbrate. Aprende a hacerlo bien. Toma todas las precauciones.



Melbourne es célebre por su arte callejero, alucinantes cafeterías y deliciosos restaurantes, pero sus tesoros están ocultos para el visitante. A los 6 años los busqué en BMX, de los 8 a los 16 en una bici de montaña, hasta los 22 en una de carretera y, después, me pasé a la fixie. Cuando me compro unos zapatos priorizo la comodidad, pero creo que mis elecciones de bicis vienen marcadas por el estilo. El estilo... Es algo de lo que no puedes prescindir en bici. Aquí la bici no es un vehículo: es una forma de vida, un símbolo, algo que te define más que la ropa o el peinado. ¿Hemos dicho peinado? No te lo verán en bici, porque desde los años noventa una ley establece la obligatoriedad del casco en ciudad.

Una fortuna en multas

Al principio, no era tan grave: las multas por montar sin casco eran de 16 euros, pero han subi­ do a los 120. ¿Queréis que sea sincera? He pagado tantas multas que podría haberme comprado una tienda de bicicletas. Pero la medida ha ido calando, y ahora la gente considera que lo “raro” es ir sin casco. Yo también he terminado por acostumbrarme... Al principio, con fastidio. Luego, con orgullo: ¡Lo importante es ir en bici!

Y es que, en realidad, el tema no es si usar o no usar casco, sino que ir en bici es una declaración de intenciones. En Europa, la gente sigue dándose la vuelta cuando un Ferrari pasa a su lado; aquí, giran el cuello para ver en que bici estás montando. La bici es respetada. Mucho. Lo comprobarás porque, en cuanto te subas en una, alucinarás cuando empieces a encontrarte con otros como tú que te saluden con un gesto de la cabeza. Se llama, creo, compañerismo. Conexión. Compromiso. Cosas que no verás entre los automovilistas.

Si vienes a Melbourne, y quieres experimentar todo esto en primera persona, hasta me atrevo a recomendarte una tienda donde preguntar: Reid Cycles. Hay cuatro en Australia, pero creo que la mejor es la de la calle Victoria de Melbourne, número 286. Visítales. Infórmate. Y, después, disfruta. ¡Y no te olvides de decirle a todo el mundo que has ido de mi parte!

MELBOURNE, EN CIFRAS

- 4.246.345 habitantes
- 36 años de media de edad
- 170.000 restaurantes, bares y cafeterías en la ciudad
- 4.862.786 m2 de superficie
- 51 puntos de Melbourne Bikeshare (con más de 600 bicis)


Fuente: Ciclosfera.com
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