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[Jueves 18-04-2013 19:27:58]    Paco Martínez Vega
Para merecer una estatua es el primer proyecto de Cicloteatro, un formato móvil que combina teatro y bicicletas, y que recorrerá este sábado las principales plazas del centro madrileño.

Ciclosfera ha tenido la oportunidad de hablar con el director de Para merecer una estatua, Hermes Damián, primer proyecto de Cicloteatro que presenta el Nuevo Teatro Fronterizo. Esta iniciativa socioteatral recorrerá este sábado, 20 de abril, las céntricas plazas madrileñas de Santa Ana, Tirso de Molino, Cabestreros y Agustín Lara. El objetivo: que la bici funcione como una butaca móvil, adquiriendo un rol inesperado en la vida de la plaza.



¿Qué es Cicloteatro exactamente?

El Cicloteatro es un formato de teatro itinerante en bicicleta. Lo innovador es que el público se desplaza en bicicleta al igual que los actores y se llega a las distintas escenas, que se desarrollan en varias plazas, en bici. Pero el Cicloteatro no sólo se trata de utilizar la bici para desplazarse: el hecho de pedalear por las calles no interrumpe la acción dramática.

¿Cómo surge el proyecto?

Soy un ciclista activo desde hace varios años y también llevo mucho tiempo haciendo teatro, principalmente como actor, director y dramaturgo, centrado en la técnica de improvisación. Como ciclista, me he dado cuenta de que este colectivo crece más y más en Madrid, a pesar de la constante indiferencia de las autoridades. La bici en Madrid -y en otras ciudades españolas- se ha convertido poco a poco en un elemento cultural al que no se le está dando el suficiente peso.

Por otro lado, con la subida del IVA, asistir al teatro se está convirtiendo cada vez más en un lujo. Me pareció que todos estos elementos generaban una necesidad: darle peso a la bici como elemento cultural, pero, también, como un refresco a posibilidades teatrales. El ciclista- espectador se convierte en espectáculo para la gente que “tropieza” con el Cicloteatro.

¿Es difícil combinar estas dos pasiones, aparentemente tan diferentes?

Con el Cicloteatro es muy fácil combinarlas. La ciudad se vuelve una gran escenografía cuando pedaleas. Montado en la bicicleta, aprecias la ciudad y el teatro desde otro punto de vista. Como actor y como espectador, te involucras más con lo que estás viendo y recorriendo.

Tengo entendido que la bicicleta funciona como una butaca móvil. ¿Cómo viven los actores y el público esta experiencia teatral?

Los actores integran a los ciclo-espectadores como parte del espectáculo y éstos últimos se sienten partícipes de la creación de la historia que se mueve con y gracias a ellos. El público es un personaje que está contemplado desde el guión y la dirección. La representación dependerá de la complicidad entre actor y espectador, y los estímulos que ambos reciban de la calle durante la representación.

La plaza es un espacio muy importante en este primer proyecto. De hecho, lo habéis bautizado “Para merecer una estatua”: ¿Por qué la plaza? ¿Qué papel desempeña la bici en ella?

La plaza es un crisol de mundos sociales e íntimos. Pueden suceder muchas historias simultáneas de las que nunca nos enteraremos. Tiene una función ambigua: es privada y es pública. Al meternos en ese espacio con el teatro, nos infiltramos en una cierta intimidad del transeúnte. Nos “metemos” con su anonimato y, sin embargo, puede dejar de ver la historia cuando quiera. Para este espectador “accidental”, la bici en su vida diaria es un elemento ínfimo del decorado; es parte del mobiliario urbano. Es como el hermano menor y despreciado del coche, porque se mete en espacios que el peatón considera exclusivamente “suyos”. Al coche lo respeta, aunque le contamine los pulmones y lo deje sordo, entre otras cosas. Con el Cicloteatro la bicicleta adquiere un rol inesperado en la vida de la plaza y, por lo tanto, el espectador accidental tendrá que pensar en ella.

¿Qué opináis de la evolución del ciclismo urbano en España?

Es muy desigual. Mientras en ciudades como Vitoria, Zaragoza o Sevilla crece y es parte integrante de la ciudad, en Madrid parece que las autoridades nos ven como un estorbo a sus proyectos urbanísticos. El automovilista tiene mucho peso, y parece que las autoridades ven más rentable apoyarlo, no pensando en el coste ecológico y económico de esta obsesión. Un ejemplo: nos han dado mil excusas para retrasar proyectos que apoyan la creación de carriles bicis pertenecientes a iniciativas como el Plan Director de Movilidad Ciclista.

¿Por qué animaríais al público -ciclista y peatonal- a sumarse a este Cicloteatro itinerante?

Porque le da la oportunidad de ver teatro a un precio que él ajusta (no hay entrada pero se agradece un donativo); porque hace ejercicio mientras se divierte; porque se hace consciente de rincones de la ciudad en la que vive, que antes no se había detenido a observar; y porque las historias que se cuentan en el Cicloteatro siempre tienen que ver con la realidad de la vida de las calles y plazas que pasea y pedalea.


Fuente: Ciclosfera.com
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